dijous, 6 d’abril de 2017

El destí de la Terra







És molt bonica la descripció del final del Sol de Javier Labay a La Vanguardia del 14.12.2001 (que es produirà a no ser que el xoc previ de la Via Làctia amb Andròmeda ho desmanegui tot plegat abans que això no arribi...):


"El Sol lleva viviendo sin apenas modificar su estructura unos 5.000 millones de años. Y continuará sin experimentar mayores cambios otro tanto, dado el volumen de hidrógeno del que todavía dispone. Pero, transcurrido este tiempo, nuestra estrella habrá agotado sus reservas de combustible.

A lo largo de los siguientes centenares de millones de años el Sol experimentará una profunda metamorfosis que le convertirá en lo que se conoce como una gigante roja. Falto de suministro energético, el núcleo de helio inerte iniciará un progresivo proceso de contracción, aumentando su densidad y temperatura, con vistas a alcanzar las condiciones para iniciar un nuevo ciclo de combustión termonuclear, que esta vez usará el helio como combustible. Mientras el núcleo estelar se contrae, las tenues regiones externas iniciarán un continuo proceso de expansión que induce un descenso de la temperatura de la superfície, con lo que el familiar color amarillo del disco solar irá adoptando tonos cada vez más rojizos, a la vez que el aumento global de tamaño incrementará de forma increíble la luminosidad de la estrella.

Durante esta etapa de su evolución, la atmósfera solar desbordará primero la órbita de Mercurio y luego la de Venus. Como gigante roja en todo su esplendor, el Sol se extenderá hasta casi llenar la órbita de la Tierra, con una luminosidad que será unas 2.000 veces su valor actual.

Engullidos Mercurio y Venus, nuestro planeta verá desaparecer su atmósfera y océanos y, probablemente, la corteza y parte del manto. Ni siquiera los enormes planetas exteriores, como Júpiter o Saturno, podrán salir indemnes de las devastadoras consecuencias de la transformación experimentada por el Sol. Sus inmensas cubiertas de hidrógeno y helio hervirán y se evaporarán, dejando al descubierto sus pequeños núcleos rocosos.

De esta manera, en sus años postreros, el anciano Sol terminará asolando el cortejo planetario que le acompaña desde su misma cuna."